11/10/14

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Alberto Villarreal



Alberto Villarreal
«Algo que te enseña el teatro 
es que no has realizado nada»

Enrique Solinas
Desde Shangai
Especial para Palabra Viva
© 2014 Analecta Literaria



Alberto Villarreal nació en México, en 1977. Estudió literatura dramática y teatro en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Obtuvo varias becas de creación como la de Jóvenes Creadores del FONCA y de la Fundación para las Letras Mexicanas. Las Becas de Residencia Court Theater de Londres y la prestigiosa Shanghái Writing International Program de China. En 2006 obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Teatral de México. Ha escrito, dirigido y montado más 40 obras, entre ellas, Memoria de una máquina a vapor, Ensayo sobre débiles, Para satisfacción de los que han disparado con salvas, Ensayo sobre la inmovilidad, Réquiem de cuerpo presente para Alonso Quijano, El lado “B” de la materia, etc. Es fundador y director artístico de Artillería Producciones y del Teatro La Madriguera en la Ciudad de México.

1) ¿Cómo surgió tu interés por el teatro?

Mi padre es productor de televisión, así que crecí en los foros. No me interesaba tanto la imagen a través de la cámara sino el espacio en sí mismo, habitarlo. Crecí en ese “estar en el teatro”. Aunque igual desde la infancia decidí que sería escritor. El teatro se volvió mi oficio y la literatura mi arte. La dramaturgia ha reunido estos dos estados pasionales.   

2) Siendo un creador joven has tenido muchos reconocimientos desde los comienzos de tu itinerario teatral. Echando una mirada hacia atrás, ¿qué percepción tienes de lo ya realizado?

Algo que te enseña el teatro es que no has realizado nada. Lo realizado es sólo memoria y no materia, y la teatralidad es encarnación y materialización. En el teatro todo se pierde, desaparece. Así que eso te hace estar en el presente. Estoy sólo en lo que estoy desarrollando ahora. Lo pasado es sólo un antecedente, un valor de confianza que dice que quizá puedas asumir el próximo montaje, el próximo texto, pero no es seguro.

3) El teatro, ¿debe entretener o concientizar al pueblo de las problemáticas sociales? 

Puede escoger cualquiera de los dos actos si ese es su temperamento, pero también puede sólo divertir, o ser un medio místico, o didáctico. El teatro es un medio de exposición solamente, la carga específica que quieres darle lo definirá en su intención y esta puede ser cualquiera. Así que puede entretener o concientizar, o las dos cosas al mismo tiempo. Finalmente ese “deber ser” es una moralidad que se sigue. Lo importante es que haya muchos teatros con muchas intenciones. La moralidad de lo políticamente correcto y el deber ser son peligrosas siempre. Por otro lado no puede olvidarse el rol del teatro como agente contra las nociones de civilización y progreso, en la medida en que estas son líneas de crecimiento imaginado siempre ascendente. El teatro es una contrafuerza, una puesta en crisis por otros modelos de la conciencia. 

4) ¿Cuál es el lugar que se le da al teatro en México y cómo ves al teatro actual mexicano?

Es imposible enfocar un teatro en México, las realidades del país son muy diferentes y cada ciudad tiene su particularidad. Generalizando al extremo, puede decirse que las artes que México siente más representativas de su ser artístico son el cine y la plástica, son artes de pleno reconocimiento mundial a sus creadores, así que el imaginario las valora sobre el resto de las artes. Actualmente la Ciudad de México –por hablar de la ciudad donde vivo y trabajo- experimenta una gran actividad, muchas generaciones conviviendo, y una gran cantidad de propuestas, es un momento muy explosivo en la dramaturgia y las poéticas de dirección en territorios expandidos.   

5) Has sido invitado a muchos festivales y eso te   ha dado la posibilidad de conocer otras expresiones teatrales. ¿Es posible comparar al teatro mexicano con otras plazas latinoamericanas? 

Se puede y con ello se cae en injustificias, propagandas y falsas denostaciones. El teatro no es comparable, es un fenómeno del lugar, concreto y es sus causas y referentes. Las teatralidades de latinoamérica son diversas y contienen pocos vasos comunicates. Aún dentro del mismo idioma conversan poco, mucho menos que con paises europeos. Lo particular de México es su calidad de frontera con Estados Unidos, que es el final de una forma de mirar lo real para entrar a otra radicalmente diferente, y por otro lado su fuerte presencia de lo indigena, que permea el imaginario y da a México una calidad casi alucinatoria. Sin la riqueza indígena México no sería el espacio imaginario de alto riesgo que es. 

6) ¿Existe una formación de espectadores en tu país?

No. Fuera de algunos proyectos de “escuela de espectadores” y de programas coordinados con escuelas para que los estudiantes asistan a ver teatro de calidad. Sin embargo, es una época en la cual la gente acompaña al teatro, los teatros de exploración estética tienen públicos.  

7) ¿Cuáles son los temas que te interesan abordar a la hora de escribir teatro?

Cualquiera con potencial en ese momento de convertirse en obsesión.  No tengo un tema recurrente aunque siempre hay un interés en la conciencia, en su ampliación, la ritualidad, la relación de lo contemporáneo con el origen de lo humano, lo indecible, el “ser persona” como proyecto en exploración.

8)  ¿En qué estás trabajando ahora?

Dos nuevas obras. Una de ellas para dirigirla yo mismo el año próximo y otra más para otra compañía. Son trabajos que buscan trabajar en diferentes sistemas simultáneamente. Desintegrar la relación anécdota, personaje, situación, que lleva una historia para poder exponer modelos incompletos. Mi escritura tiene enorme influencia de las llamadas corrientes postdramáticas, así que sigo ese camino con un enorme sentido al mismo tiempo de volver a los fundamentos, a las escrituras previas al proyecto occidental, al modelo dramático.  

9) ¿Qué esperas de la vida?

Nada. La expectativa siempre destruye la espontaneidad. Estar sin expectativa es la forma de realmente estar.



EL LADO B DE LA MATERIA









Una escena de la obra: “El lado B de la materia”

Silbante, rasante.
Como aquella del exitoso trasplante de corazón de un animal a una vulgar asesina.
Mujer ordinaria y flaca como una rodilla, sencilla como una tabla.
A la que se le arrancó esa mierda de víscera negra e infectada por la ira para ponerle una sana, roja y sangrante extraída de un oso polar.
Oso criado en cautiverio; de raza pura; que sabía muchos idiomas; instruido en diversas disciplinas del conocimiento, que en su cueva de cemento pintado como hielo nunca había conocido la maldad. 
Oso de habilidades artísticas y profundas pasiones musicales.
Oso que después de retirado su corazón de carne se empujaba la sangre gracias a uno artificial.
Máquina jaladora de sangre, bomba de aceite espeso, melancólica bilis negra. 
Diseñado y construido por estudiantes de la UNAM asesorados por un profesor de izquierdas.
Y quiso la indecencia que aquella que terminó vidas quisiera conocer a su donador.
Y se presentara ante el oso con el tórax deformado, agrandado por el tamaño de aquél corazón animal, grande y pesado, hundido entre huesos delgados como arbusto silvestre.
Siglos de desarrollo de medicina occidental para lograr esa deformidad funcional en la caja torácica.
Y tras escuálidas capas de células flacas, pálidas y sin pelo, el oso olfateó el olor de su propio corazón, latiendo en ese cerrado espacio sin grasa para el frío.
Y ella sintió agradecimiento y asco.
Y confesó su deseo de hacer algo bueno por el oso.
El oso confesó el suyo de escribir una ópera: algo sobre el instinto en los tiburones.
La asesina compró al oso y los sacó del zoológico con el dinero obtenido por sus crímenes. 
Hicieron un viaje por carreteras escribiendo en gasolineras y hoteles baratos.
Consiguiendo no pagar a cambio de exhibicionismos a petición del cliente.
Siempre hay alguien dispuesto y la curiosidad es efectiva como Lucifer.
Si se quiere ser un pervertido toda la vida hay que ser una celebridad, o ser lo suficientemente pobre para saber que la dignidad es privilegio de clases medias ilustradas que sueñan con anarquía y caos en el mundo.
La ópera nunca se terminó.
Sólo resultaron letras para canciones depresivas, todas pop evidentemente. 
Llenas de basura emocional y consideraciones escatológicas. 
Letras de hotel y soledad.
Y un día, a medio desayuno, en un hotel de bajo presupuesto, el oso devoró lleno de asco su propio corazón en el cuerpo de la asesina. 
Asco por esa piel rosada de rencor contra los padres por los abusos de infancia. 
El oso usó su mandíbula con efectividad biológica. 
El amor y el asco pulsaban en ese hueso dentado porque no tenía corazón.
El oso esperó a la policía lamiendo huesos doblados como arbustos enanos. 
Luego se resistió al arresto. La policía disparó.
Su cuerpo terminó de vaciarse de sangre en una celda ordinaria, sin abogado capaz de defenderle.
Sin derecho a usar el baño, el oso soltó en el suelo de la celda los restos de su amiga y de su propio corazón mezclados en un pedazo de mierda roja.
Y en esa mierda era un sol viejo, era un ojo cortado. 
Otros restos de la asesina y de su corazón de carne circulaban ya en su sangre, asimilados como nutrientes por todos sus órganos. 
Muertos sin historia viajando de un tejido hotel a otro.   
Y el corazón artificial sintió dolor, asco y hambre.
Mierda y sangre.
El oso murió desangrado por las heridas de bala, con el pelaje blanco agujereado, con la sangre negra mezclada con la grasa del corazón artificial, tan arruinado por las calefacciones de segunda en hoteles de tercera.
El oso muerto y lleno de moscas, pero el corazón artificial seguía trabajando.
La maravilla de la máquina sobre la naturaleza, bombeando aire cuando toda la sangre ya estaba fuera. 
Metáfora adorable para cursis y optimistas.
El corazón artificial imaginaba en su soledad una ópera de tiburones llenos de pasión y violencia.
Hasta que entró un policía cualquiera, y sin mayor instrucción, busco el interruptor que decía: encender/apagar. Lo movió de “encendido” a “apagado” y la historia termina aquí con silencio y con notable ahorro de energía eléctrica.
El crimen del oso apareció en los periódicos del siguiente día.
Y todos sacaron sus conclusiones. 
Sacamos nuestra conclusión como premio a nuestro sometimiento a las reglas del mundo. 
Eso deberían darnos el asco breve de comer una croqueta para perro pequeño. 
Los hoteles consiguieron más clientes anunciando que ahí se hospedaban el oso de corazón artificial y la asesina asesinada.
Colgaron en las paredes del cuarto las letras de las canciones ahí escritas.
Todo acabará siendo publicidad para alguien; alguien hará dinero con todo esto.
Quizá eso es lo único sucio de este mundo.
Lo único que legítimamente puede producir asco. 
Alguien hará dinero con la sangre pasionalmente derramada.




Analecta Literaria

Revista de Letras, Ideas, Artes y Ciencias.

 

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